Hoy todo el madridismo llora tu muerte, Don Alfredo Di
Stéfano, para algunos, el jugador más grande de todos los tiempos. Pero no es
mi turno hablar sobre tu juego, porque sería mera palabrería hablar de un
jugador del que no he podido disfrutar. Tampoco quiero "rellenar"
este post con los números que nos hartaremos de ver, de tus cinco Copas de
Europa, tus dos balones de oro, etc. Hoy, sin duda, me quedaré con lo que
realmente vale, con la diferencia entre estar entre los mejores y ser una
leyenda, por convertirte en eso que llamamos símbolo. Pero , como alguna vez me
contaron, los símbolos no pueden morir, por eso hoy la estrella de Don Alfredo
brilla más fuerte que nunca.
Nunca un jugador ha significado tanto para un equipo. Jamás.
Tú llegaste a un gran club y le convertiste en el rey. Tú sentaste las bases
del mejor equipo del siglo XX. Tú nos enseñaste lo que realmente significa amar
a un equipo y también lo que es vivir y morir por él. También nos enseñaste que
no vale cualquier forma de ganar. Gracias a ti el Real Madrid se convirtió en
el número 1, y es por eso que tantos y tantos grandes jugadores han querido
vestir nuestra camiseta. Y es por eso, que tantos y tantos niños en todo el
planeta cantan hoy los goles, vestidos con las camisetas del Real Madrid. Y es
por eso, que algunos pocos, nos envidian, que es el precio que hay que pagar
por hacerte llamar madridista.
Sabiendo de la dificultad que entraña aunar las opiniones
del madridismo, hay una cosa de la jamás dudaremos. Tú siempre serás el más
grande para nosotros, porque eres (y digo bien, eres) nuestro Alfredo, nuestra
Saeta, el único.
Debo agradecer el reconocimiento que en vida, el madridismo
y las instituciones madridistas, le han dado a Di Stéfano, sin necesidad de
posponerlo hasta el terrible desenlace. "Como la gente suele decir, no los
merezco, no los merezco...pero yo los trinco" nos mentías sacándonos
siempre esa sonrisa.
Has sido tan grande que tu figura simboliza más de cien años
de historia, un siglo de éxitos, toda una filosofía del club, la del señorío,
la del dar la mano cuando pierde, la de la bandera limpia y blanca que no
empaña... Tú representas mi Madrid, y el Madrid de mis padres y mis abuelos, y
si me apuras, el Madrid de algún bisabuelo. Y todos esos hoy se juntan y lloran
por ti.
Don Alfredo, tú nos arrancaste de la tierra y nos transportaste
al cielo para hoy quedarte en él. Y allí ha de esperarte un campo de fútbol, y
por supuesto un balón. Y será así como pervivirás disfrutando, y sobre todo
haciendo disfrutar.
Sólo me queda expresar lo orgullosos que siempre hemos
estado de ti los madridistas, agradecerte todo lo que nos has dado y decirte
que te echaremos de menos tanto en el Santiago Bernabéu, como en el estadio que
lleva tu nombre. Simplemente esa es mi despedida, como las que a ti te gustan:
"cortita... y al pie". Descansa en Paz, Don Alfredo.


















